{"id":26829,"date":"2021-10-13T16:11:24","date_gmt":"2021-10-13T14:11:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.vincenzopaglia.it\/?p=26829"},"modified":"2021-10-13T18:12:18","modified_gmt":"2021-10-13T16:12:18","slug":"la-familia-un-bien-para-la-iglesia-y-para-la-sociedad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.vincenzopaglia.it\/index.php\/la-familia-un-bien-para-la-iglesia-y-para-la-sociedad.html","title":{"rendered":"La familia: un bien para la Iglesia y para la sociedad"},"content":{"rendered":"<p><em>Su Excelencia, estimados profesores, queridos todos,<\/em><\/p>\n<p>Cinco a\u00f1os despu\u00e9s de la <em>Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Postsinodal, Amoris Laetitia<\/em>, el Papa Francisco nos ha invitado a reflexionar de nuevo sobre las propuestas contenidas en el texto, fruto de un largo camino eclesial. No creo que haya ning\u00fan otro documento papal que haya tenido tal gestaci\u00f3n. El texto ha implicado a todo el Pueblo de Dios de forma amplia y prolongada en el tiempo. <em>Amoris Laetitia <\/em>fue la &#8220;prueba de una posible sinodalidad&#8221; para la Iglesia nacida del Vaticano II: primero la escucha del &#8220;sensus fidelium&#8221; (LG,12) y luego el discernimiento a trav\u00e9s de la colegialidad episcopal.<\/p>\n<p>Es bueno reflexionar m\u00e1s sobre esta Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica porque no pide simplemente una actualizaci\u00f3n de la pastoral familiar, sino mucho m\u00e1s: un cambio de ritmo y de estilo que afecta a la forma misma de la Iglesia, que est\u00e1 llamada a concebirse como Familia. Cuando la Iglesia (la di\u00f3cesis, la parroquia, la comunidad cristiana) habla de la familia, tambi\u00e9n habla de s\u00ed misma, y viceversa. Por eso, no se trata simplemente de reorganizar la &#8220;pastoral familiar&#8221;, sino de hacer &#8220;familiar toda la pastoral&#8221; o, m\u00e1s claramente a\u00fan, de hacer &#8220;familiar toda la Iglesia&#8221;, hacer de la di\u00f3cesis una familia, hacer de la parroquia una familia.<\/p>\n<p>Por tanto, la Iglesia no puede presentarse -por desgracia, as\u00ed ocurre a menudo- como un tribunal o fiscal para juzgar los cumplimientos y los incumplimientos de la ley sin tener en cuenta las dolorosas circunstancias de la vida y la redenci\u00f3n interior de las conciencias. El Se\u00f1or pide a la Iglesia, seg\u00fan <em>Amoris Laetitia<\/em>, que sea valiente y fuerte precisamente en la protecci\u00f3n de los d\u00e9biles, en la curaci\u00f3n de las heridas de los padres y madres, de los hijos y de los hermanos; empezando por los que se reconocen prisioneros de sus culpas y desesperados por haber fracasado en la vida.<\/p>\n<p>En definitiva, es fundamental comprender que si es cierto que el v\u00ednculo matrimonial entre marido y mujer es indisoluble, lo es a\u00fan m\u00e1s el de la Iglesia con sus hijos. Este \u00faltimo, en efecto, es como el v\u00ednculo de Cristo con la Iglesia, que est\u00e1 llena de pecadores, amados cuando todav\u00eda eran pecadores y nunca abandonados aunque vuelvan a caer en el pecado. Este es el gran misterio del que habla el ap\u00f3stol Pablo. El deber maternal de la Iglesia es llevar a casa a los que se han equivocado para cuidarlos y curarlos. Obviamente no podr\u00eda hacerlo si los dejara donde est\u00e1n, abandonados a su suerte porque &#8220;se lo han buscado&#8221;. Debemos emprender un nuevo estilo eclesial, consciente de la diversidad de situaciones y con la decisi\u00f3n de no dejar nunca a nadie solo.<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><em>Una condici\u00f3n parad\u00f3jica <\/em><\/p>\n<p>En primer lugar, veamos la situaci\u00f3n de las familias. La Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica se abre con una visi\u00f3n de la realidad a la que nos enfrentamos. En s\u00edntesis extrema se podr\u00eda decir que la familia se encuentra en una situaci\u00f3n parad\u00f3jica. Por un lado, de hecho, sigue siendo hoy el ideal al que todo el mundo se refiere: se siente como el lugar de seguridad, de refugio, de apoyo a la propia vida. Pero, por otro lado, vemos que los lazos familiares son cada vez m\u00e1s fr\u00e1giles: las familias se dispersan, se dividen, se recomponen y se expanden. Los estudiosos m\u00e1s atentos hablan de las sociedades occidentales con un bajo nivel de familiaridad. La decisi\u00f3n tomada en el Reino Unido hace unos a\u00f1os de crear un &#8220;Ministerio de la Soledad&#8221; fue una sorpresa. No porque se preocupara por las cuestiones emocionales, sino por el peso econ\u00f3mico del gran n\u00famero de personas solas. En toda Europa, el n\u00famero de personas que eligen estar solas o que est\u00e1n solas ha crecido de forma exponencial: \u00a1se trata de un 30% de las familias! Sin embargo, el clima cultural no es propicio para &#8220;formar&#8221; una familia.<\/p>\n<p>Una de las razones es el aumento de la cultura individualista. Algunos intelectuales hablan de una &#8220;segunda revoluci\u00f3n individualista&#8221;: vivimos en una sociedad en la que el <em>&#8220;yo&#8221; <\/em>prevalece sobre el <em>&#8220;nosotros&#8221; <\/em>y el <em>individuo <\/em>tiene m\u00e1s peso que <em>la sociedad<\/em>. Es obvio que en una sociedad as\u00ed se prefiere la cohabitaci\u00f3n al matrimonio, la independencia individual a la dependencia mutua. La familia, en una inversi\u00f3n total, se ve m\u00e1s como la &#8220;c\u00e9lula b\u00e1sica de la sociedad&#8221; que como la &#8220;c\u00e9lula b\u00e1sica del individuo&#8221;.\u00a0 Cada uno de los c\u00f3nyuges piensa en el otro en funci\u00f3n de s\u00ed mismo, de su propia realizaci\u00f3n individual, en lugar de la creaci\u00f3n de un &#8220;nosotros&#8221; de cara a un futuro a construir en com\u00fan. El <em>yo <\/em>se convierte en el verdadero due\u00f1o incluso en el matrimonio y la familia. Un soci\u00f3logo italiano, Giuseppe De Rita, habla de &#8220;egolatr\u00eda&#8221;, un verdadero culto al <em>\u201cyo\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Hay que subrayar que el cristianismo moderno no ha sido inmune al virus del individualismo. Benedicto XVI lo se\u00f1ala sabiamente en su enc\u00edclica <em>Spe Salvi<\/em>, cuando habla de una reducci\u00f3n individualista del cristianismo: &#8220;\u00bfC\u00f3mo es posible -se pregunta Benedicto XVI- que en el cristianismo moderno se haya afirmado la concepci\u00f3n de la salvaci\u00f3n como un asunto individual, por la que cada persona cree que debe esforzarse por salvar su propia alma, mientras que toda la tradici\u00f3n b\u00edblica y cristiana nos ense\u00f1a que nos salvamos en un pueblo?&#8221; El Concilio Vaticano II lo expres\u00f3 con gran claridad: &#8220;Dios podr\u00eda haber salvado a los hombres individualmente, pero eligi\u00f3 salvarlos reuni\u00e9ndolos en un pueblo&#8221;.<\/p>\n<p>Este individualismo religioso se ha convertido en c\u00f3mplice del individualismo que ha envenenado la forma &#8220;asociativa&#8221; de la existencia humana: los lazos asociativos que conllevan una estabilidad de elecci\u00f3n se han debilitado y la sociedad se ha individualizado. Todas las formas de asociaci\u00f3n sufren las consecuencias, empezando por la familia, que es el primer &#8220;nosotros&#8221; en ser eliminado. No voy a insistir en esto. Pero una de las lecciones que hay que aprender de la pandemia es la ineliminable interconexi\u00f3n de los hombres y las mujeres entre s\u00ed y con la propia creaci\u00f3n. Nadie es una isla. Nadie puede vivir solo. Y, por tanto, nadie se salva solo. La pandemia nos ha mostrado que estamos vinculados unos a otros, que cada gesto que hacemos es siempre un gesto social con repercusiones en los dem\u00e1s, tanto en el bien como en el mal. Se trata de una pista que retomar\u00e9 m\u00e1s adelante y que concierne directamente a la familia, o mejor dicho, a las familias.<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><em>La vocaci\u00f3n y la misi\u00f3n de la familia <\/em><\/p>\n<p>A pesar de que la cultura contempor\u00e1nea intenta debilitar a la familia como lugar s\u00f3lido -y de hecho nos llama la atenci\u00f3n la conocida definici\u00f3n de Bauman de &#8220;sociedad l\u00edquida&#8221;, de &#8220;amor l\u00edquido&#8221;-, debemos constatar la necesidad que todos tienen de la familia. Y la pandemia lo ha demostrado. Al fin y al cabo, desde las primeras p\u00e1ginas de la Biblia, la necesidad radical de la familia surge de lo m\u00e1s profundo del ser humano. Es bueno releer las primeras p\u00e1ginas del G\u00e9nesis. En los dos relatos de la creaci\u00f3n del hombre y la mujer (cap\u00edtulos 1 y 2) queda claro que la imagen y semejanza de Dios incluye el v\u00ednculo indispensable entre el hombre y la mujer. Es en su alianza donde se revela el ser humano hecho a imagen y semejanza de Dios. Y es a su alianza a la que Dios encomend\u00f3 dos grandes tareas: &#8220;Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla&#8221; (Gn 1,28). En Ad\u00e1n y Eva, por tanto, se re\u00fane toda la humanidad, toda la familia humana, de la que las familias individuales son una de las articulaciones.<\/p>\n<p>La alianza original que Dios estableci\u00f3 entre el hombre y la mujer no es para encerrarse en s\u00ed mismos, sino para cuidar de la creaci\u00f3n (la casa com\u00fan) y ser responsables de las generaciones y de toda la sociedad en las generaciones sucesivas. En este doble horizonte se sit\u00faa la profec\u00eda de la alianza entre el hombre y la mujer. Una alianza que debe vivirse en la familia natural, en la Iglesia y en la propia familia de los pueblos. Y no hay que olvidar que el c\u00e9libe tambi\u00e9n forma parte de la dimensi\u00f3n &#8220;familiar&#8221; de la Iglesia y de la humanidad (Jes\u00fas no opone el celibato a la conyugalidad; el cristianismo siempre se ha resistido -a pesar de muchos malentendidos en su propia historia- a exaltar el primero devaluando el segundo). La comunidad cristiana es m\u00e1s grande que la familia. La Iglesia consigue hacer vivir y esperar en la bendici\u00f3n de los lazos verdaderamente familiares, incluso a quienes les resulta dif\u00edcil vivir y esperar en esos lazos: incluidos los solitarios, los abandonados, los desechados y los rechazados, y todos aquellos que no han podido compartir y generar una vida.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n sobre estas p\u00e1ginas del G\u00e9nesis ha sido demasiado pobre y nos ha impedido captar su amplitud y profundidad. Es un trabajo teol\u00f3gico y pastoral que espera ser completado. En definitiva, queda por hacer una &#8220;teolog\u00eda de la familia&#8221;. Sabemos mucho sobre el matrimonio, pero casi nada sobre la familia en toda su complejidad y riqueza teol\u00f3gica y antropol\u00f3gica. En este sentido, el Pontificio Instituto Teol\u00f3gico Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y la Familia, iniciado por Juan Pablo II y refundado por el Papa Francisco, ha reorganizado todo el programa de estudios en esta perspectiva, y la posibilidad de abrir un centro asociado aqu\u00ed mismo, en la Arquidi\u00f3cesis de Arecibo, en Puerto Rico, es un precioso signo de la fecundidad de este proyecto, que espero vea nuevos desarrollos en el futuro.<\/p>\n<p>No me extender\u00e9 en el tema, pero las dos \u00faltimas enc\u00edclicas del Papa Francisco, <em>Laudato s\u00ec <\/em>sobre la &#8220;casa com\u00fan&#8221; y <em>Fratelli tutti <\/em>sobre la familia humana universal, son una invitaci\u00f3n \u00fatil para comprender lo que est\u00e1 escrito en el G\u00e9nesis sobre la tarea confiada por Dios a la alianza del hombre y la mujer: el cuidado de la creaci\u00f3n y la responsabilidad de las generaciones. Es decir, lo que ocurre entre ellos (entre el hombre y la mujer) lo decide todo. Cuando los primeros padres se dejaron atrapar por un enga\u00f1o de omnipotencia, y as\u00ed prescindir de Dios, lo arruinaron todo. Es una historia que deja entrever las tragedias que siguieron al rechazo de la bendici\u00f3n de Dios sobre el v\u00ednculo generativo entre el hombre y la mujer.<\/p>\n<p><em>El matrimonio, la familia y la comunidad eclesial<\/em><\/p>\n<p>Perm\u00edtanme, en este punto, mencionar la relaci\u00f3n entre el sacramento del matrimonio, la familia y la comunidad eclesial. <em>Amoris Laetitia, <\/em>en cierto sentido, alinea m\u00e1s claramente esta triple relaci\u00f3n y revela esa brecha en el pensamiento teol\u00f3gico a la que acabo de referirme. Mientras que existe una abundante literatura moral y can\u00f3nica sobre el matrimonio, la teolog\u00eda sobre la familia es escasa, como si \u00e9sta fuera una consecuencia pr\u00e1ctica de la uni\u00f3n conyugal. El v\u00ednculo intr\u00ednseco entre el sacramento del matrimonio y la familia debe desarrollarse mucho m\u00e1s profundamente, hasta el punto de poder afirmar claramente que un hombre y una mujer no se unen en el matrimonio simplemente para s\u00ed mismos, sino para construir una familia entendida como lugar de generaci\u00f3n humana, de educaci\u00f3n filial, de vinculaci\u00f3n social y de fraternidad eclesial. El matrimonio es para la familia, no al rev\u00e9s: el sacramento sella la relaci\u00f3n mutua e indispensable del hombre y la mujer. El destino social y la vocaci\u00f3n comunitaria del matrimonio, que en la familia encuentra su s\u00edmbolo pleno y su fuerza motriz, se asumen dentro de la fe cristiana y de la propia forma eclesial, a partir del proyecto comunitario de Dios sobre la criatura humana.<\/p>\n<p>El hecho de que el v\u00ednculo matrimonial sea un sacramento de la nueva alianza debe entenderse en continuidad con el destino original generativo y comunitario de la alianza creatural. En el sacramento del matrimonio, la alianza original del hombre y la mujer es redimida e insertada en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n cristiana. El hecho de que exista una ordenaci\u00f3n intr\u00ednseca del sacramento del matrimonio hacia la familia y de la familia hacia la comunidad eclesial, no es una simple consecuencia pr\u00e1ctica del amor total y fiel &#8220;de los dos&#8221;, como si el sentido esencial del matrimonio (y por tanto del sacramento) se condensara y agotara principalmente en el v\u00ednculo de amor absoluto de la pareja. En realidad, el destino a los lazos familiares y a la comunidad eclesial se remonta m\u00e1s bien a la naturaleza intr\u00ednseca del v\u00ednculo matrimonial seg\u00fan el plan creador, que en la econom\u00eda salv\u00edfica cristiana se inserta -como parte activa- en el v\u00ednculo m\u00e1s fundamental de Cristo con &#8220;los muchos&#8221; a los que est\u00e1 destinado el amor de Dios y cuya sangre redentora se derrama.<\/p>\n<p><em>Familias y comunidades \u201cen misi\u00f3n\u201d<\/em><\/p>\n<p>En el panorama evang\u00e9lico queda clara la primac\u00eda absoluta del v\u00ednculo con Jes\u00fas sobre todos los dem\u00e1s v\u00ednculos, incluidos los familiares. Los esposos ponen el amor de Jes\u00fas como fundamento de su amor. Este es el significado de &#8220;casarse en el Se\u00f1or&#8221;. En el horizonte del seguimiento, por tanto, los v\u00ednculos familiares se fortalecen y se transforman: se hacen m\u00e1s fuertes, m\u00e1s creativos y m\u00e1s universales porque ya no tienen fronteras. La fuerza del Evangelio nos hace &#8220;salir de casa&#8221; y nos permite crear una paternidad y una maternidad m\u00e1s amplias, para acoger como hermanos a los dem\u00e1s disc\u00edpulos de Jes\u00fas. A los que le dijeron que fuera de la casa le esperaban su madre y sus hermanos, Jes\u00fas respondi\u00f3: &#8220;\u00a1Aqu\u00ed est\u00e1n mi madre y mis hermanos! El que hace la voluntad de Dios es mi hermano, mi hermana y mi madre&#8221; (Mc 3,35). La comunidad eclesial es la &#8220;familia Dei&#8221;.<\/p>\n<p>Las familias que viven el seguimiento de Jes\u00fas, por tanto, no est\u00e1n aisladas y encerradas en s\u00ed mismas. Sacan la energ\u00eda del amor del altar: escuchando juntos las Escrituras y aliment\u00e1ndose con el \u00fanico pan y el \u00fanico c\u00e1liz. Por ello, es urgente que se establezca un v\u00ednculo m\u00e1s claro entre la familia y la comunidad cristiana, entre las familias y la parroquia, partiendo precisamente de la &#8220;comunidad del altar&#8221;. La pastoral de base deber\u00eda desarrollar mucho m\u00e1s, en clave &#8220;familiar&#8221;, la riqueza de este v\u00ednculo que &#8220;hace Iglesia&#8221;. Desde el altar \u00fanico del domingo, nos dispersamos a los altares de las casas, las calles y las plazas para comunicar el Evangelio del Reino a todos y curar las enfermedades y dolencias. Una Iglesia seg\u00fan el Evangelio no puede sino tomar la forma de una casa acogedora, hospitalaria, amplia y sin fronteras. Y esto se conseguir\u00e1 construy\u00e9ndolo de forma &#8220;dom\u00e9stica&#8221;.<\/p>\n<p>Es la utop\u00eda de una nueva forma de vida, no cerrada en s\u00ed misma, sino abierta a todos y especialmente a los pobres. En esta perspectiva, se hace evidente la responsabilidad de acoger a los que no tienen familia, a los solitarios y a los d\u00e9biles, para que formen parte de la gran familia de Dios. Y en este horizonte hay que plantear tambi\u00e9n el tema de los divorciados vueltos a casar o de aquellas familias imperfectas y en formaci\u00f3n. Debemos acelerar nuestros pasos hacia ellos, reforzar nuestra escucha e intensificar nuestra compa\u00f1\u00eda con ellos.<\/p>\n<p>Hay una responsabilidad particular de los &#8220;movimientos eclesi\u00e1sticos&#8221; que ya experimentan una interrelaci\u00f3n entre familia y comunidad. Es la responsabilidad de ayudar a la Iglesia a tender un puente entre las familias y las comunidades cristianas. Podr\u00edamos decir que normalmente las familias son poco eclesiales porque se encierran f\u00e1cilmente en s\u00ed mismas, y las comunidades cristianas son poco familiares porque est\u00e1n lastradas por la burocratizaci\u00f3n, o engrosadas por el funcionalismo. Por eso es especialmente importante que los grupos familiares se constituyan como levadura de una eclesialidad m\u00e1s amplia.<\/p>\n<p><em>La profec\u00eda de una Iglesia familiar en un mundo de solos<\/em><\/p>\n<p>La familia y la comunidad cristiana deben encontrar su alianza m\u00e1s clara y fuerte, no para encerrarse en su propio c\u00edrculo, sino para fermentar a toda la sociedad de forma &#8220;familiar&#8221;. En el contexto de un mundo marcado por la tecnocracia econ\u00f3mica y la subordinaci\u00f3n de la \u00e9tica a la l\u00f3gica del beneficio, es estrat\u00e9gico volver a proponer el &#8220;Evangelio de la familia&#8221; como fuerza del humanismo. La familia -una profec\u00eda de amor en un mundo de solos- decide la habitabilidad de la tierra, la transmisi\u00f3n de la vida, los v\u00ednculos en la sociedad. Vaticano II afirm\u00f3 claramente la vocaci\u00f3n de la Iglesia, de las comunidades cristianas, de las familias: ser signo e instrumento de la unidad de todo el g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p>A nivel mundial, el debate social sobre la familia de hecho se centra hoy en una cuesti\u00f3n fundamental: \u00bfla llamada familia <em>natural <\/em>(ya sea <em>nuclear, es decir, <\/em>formada por la pareja estable de hombre y mujer con sus hijos, o <em>ampliada, es decir, <\/em>que incluye a los parientes cercanos en el agregado dom\u00e9stico) sigue siendo un recurso para el individuo y para la sociedad, o es, por el contrario, una supervivencia del pasado que dificulta la emancipaci\u00f3n de los individuos y el advenimiento de una sociedad m\u00e1s libre, igualitaria y feliz? Ciertamente, la familia de hoy en d\u00eda est\u00e1 perdiendo las protecciones del pasado y se desenvuelve en el mar abierto de una sociedad que ya no le es favorable, sino que, en el mejor de los casos, le resulta indiferente. Los individuos forman familias de las formas m\u00e1s diversas, y la sociedad les anima a ser lo m\u00e1s variadas posible. Pero, \u00bfcu\u00e1les son las consecuencias? Y de nuevo: \u00bfqu\u00e9 hacer?<\/p>\n<p>Hace unos a\u00f1os, el Pontificio Consejo para la Familia intent\u00f3 responder a estas preguntas fundamentales con una original encuesta realizada en varios pa\u00edses del mundo, como Brasil, Espa\u00f1a, Estados Unidos, M\u00e9xico y Argentina. Los datos de esta investigaci\u00f3n, realizada sobre tres tipos de situaciones &#8220;familiares&#8221; (la familia padre-madre-hijo, la familia biparental sin hijos y la familia monoparental con un hijo), muestran la fuerza \u00fanica de la primera forma de familia. Es y sigue siendo <em>la fuente vital de la sociedad<\/em>. Y en un mundo globalizado necesitamos m\u00e1s familias, no menos. Es ese genoma el que Cicer\u00f3n describi\u00f3: <em>familia est principium urbis y quasi seminarum rei pubblicae<\/em>. Y que Vaticano II afirm\u00f3: <em>familia schola quaedam uberioris humanitatis<\/em>(52). Socavar o despotenciar a la familia significa hacer de los individuos sujetos d\u00e9biles a los que hay que asistir, en lugar de actores que generan y regeneran el capital humano y social de la propia sociedad.<\/p>\n<p>Me gustar\u00eda recordar brevemente algunos de los puntos de esta investigaci\u00f3n e invitarles a estudiarla en profundidad.<\/p>\n<p>En primer lugar, la alianza matrimonial mejora la calidad de la relaci\u00f3n de pareja con importantes consecuencias positivas para todos. La cohabitaci\u00f3n no es lo mismo que el matrimonio: hace que las relaciones sean m\u00e1s inestables y crea una mayor incertidumbre en la vida de los hijos. Los hijos son m\u00e1s fr\u00e1giles y corren m\u00e1s riesgos en sus relaciones y en la escuela cuando no viven en una familia estable. El divorcio y los nacimientos fuera del matrimonio aumentan el riesgo de pobreza tanto para los ni\u00f1os como para las madres. En resumen, el matrimonio trae consigo bienes.<\/p>\n<p>Las familias (abuelos, madre-padre-hijos, nietos) tambi\u00e9n logran la solidaridad entre las generaciones mucho m\u00e1s y mejor que otras formas de vida y despliegan una fuerza extraordinaria con respecto a los miembros m\u00e1s d\u00e9biles.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la familia sigue siendo un recurso para el mundo del trabajo mucho m\u00e1s que a la inversa: en otras palabras, el mundo del trabajo &#8220;explota&#8221; el recurso familiar y no tiene suficientemente en cuenta las necesidades de la vida familiar. De ah\u00ed las enormes dificultades de las familias, sobre todo las que tienen varios hijos, para armonizar la vida familiar y profesional. Es urgente repensar la relaci\u00f3n entre la organizaci\u00f3n del trabajo y la familia.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, la familia es la principal fuente de relaciones de confianza, cooperaci\u00f3n y reciprocidad, tanto a nivel interno como externo, en grupos de parentesco, vecindad, amistad y asociaciones. Es un verdadero capital social que subyace a las virtudes sociales (y no s\u00f3lo individuales).<\/p>\n<p>En definitiva, la familia es una fuente de valor social a\u00f1adido no s\u00f3lo porque forma mejores individuos en cuanto a su salud y bienestar, sino tambi\u00e9n y sobre todo porque genera un tejido social, es decir, una esfera civil y p\u00fablica, que exige valores y normas para la vida humana y, por tanto, promueve el bien com\u00fan.<\/p>\n<p>Esta investigaci\u00f3n ha demostrado que la familia, ya sea nuclear (predominante en los pa\u00edses m\u00e1s modernizados) o ampliada para incluir el parentesco (en los pa\u00edses en desarrollo), es el principal recurso de la sociedad y sigue siendo la fuente vital de aquellas sociedades que tienen m\u00e1s visi\u00f3n de futuro. La raz\u00f3n es sencilla: de la familia procede el principal capital humano, espiritual y social de la sociedad. El capital civil de la sociedad se genera precisamente por las virtudes \u00fanicas e insustituibles de la familia. Por tanto, la sociedad globalizada puede encontrar un futuro de civilizaci\u00f3n en la medida en que sea capaz de promover una cultura de la familia que la replantee como un v\u00ednculo vital entre la felicidad privada y la felicidad p\u00fablica. La investigaci\u00f3n emp\u00edrica demuestra que la familia es cada vez m\u00e1s, y no menos, el factor decisivo para el bienestar material y espiritual de las personas. Es a partir de esta din\u00e1mica que podemos entender por qu\u00e9 y c\u00f3mo la familia alimenta esas virtudes, personales y sociales, que hacen que una sociedad sea feliz.<\/p>\n<p><em>La familia debe volver al centro de la cultura, la pol\u00edtica y la econom\u00eda.<\/em><\/p>\n<p>Queridos hermanos -lo digo para concluir y de manera muy concisa pero evidente- estoy convencido de que la familia debe volver a estar en el centro del debate cultural, en el centro de la visi\u00f3n de la pol\u00edtica y de la econom\u00eda misma, as\u00ed como en nuestras comunidades eclesiales, para no ser una realidad cerrada en s\u00ed misma, al contrario, debe ser pensada y realizada como una realidad que va m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed misma. En este sentido, la sociedad globalizada podr\u00e1 encontrar un futuro de civilizaci\u00f3n en la medida en que sea capaz de promover una cultura de la familia que la reconsidere como un v\u00ednculo vital entre la felicidad privada y la felicidad p\u00fablica.<\/p>\n<p>Espero sinceramente que el nuevo Centro Asociado del Instituto Juan Pablo II que estamos abriendo aqu\u00ed en Arecibo, dentro de la acci\u00f3n pastoral m\u00e1s amplia de esta iglesia local, se ponga al servicio de este alto y decisivo prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>Pedimos al Se\u00f1or que bendiga hoy esta misi\u00f3n.<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Su Excelencia, estimados profesores, queridos todos, Cinco a\u00f1os despu\u00e9s de la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Postsinodal, Amoris Laetitia, el Papa Francisco nos ha invitado a reflexionar de nuevo sobre las propuestas contenidas en el texto, fruto de un largo camino eclesial. No creo que haya ning\u00fan otro documento papal que haya tenido tal gestaci\u00f3n. El texto ha [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":26831,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-26829","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-interventi"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.vincenzopaglia.it\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/IMG_6972-e1634141527806.jpg","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.vincenzopaglia.it\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26829","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.vincenzopaglia.it\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.vincenzopaglia.it\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.vincenzopaglia.it\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.vincenzopaglia.it\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26829"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.vincenzopaglia.it\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26829\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":26830,"href":"https:\/\/www.vincenzopaglia.it\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26829\/revisions\/26830"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.vincenzopaglia.it\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/26831"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.vincenzopaglia.it\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26829"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.vincenzopaglia.it\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26829"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.vincenzopaglia.it\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26829"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}