{"id":25637,"date":"2020-02-16T14:36:03","date_gmt":"2020-02-16T13:36:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vincenzopaglia.it\/?p=25637"},"modified":"2020-02-17T13:50:31","modified_gmt":"2020-02-17T12:50:31","slug":"el-papa-francisco-y-la-iglesia-pobre-para-los-pobres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.vincenzopaglia.it\/index.php\/el-papa-francisco-y-la-iglesia-pobre-para-los-pobres.html","title":{"rendered":"El Papa Francisco y la Iglesia pobre para los pobres"},"content":{"rendered":"<p><em>Juan XXIII: &#8220;La Iglesia de todos, pero especialmente la Iglesia de los pobres&#8221;<\/em><\/p>\n<p>Los dos mil a\u00f1os de historia cristiana muestran, que cada vez que los cristianos han debilitado su v\u00ednculo con el Evangelio, su relaci\u00f3n con los pobres se ha dilatado. Pero cada vez que han querido renovar su esp\u00edritu al Evangelio, siempre ha comenzado con el redescubrimiento del amor por los pobres. Se podr\u00eda decir que el Evangelio y los pobres <em>simul stabunt, simul cadent<\/em>. Debemos comenzar desde el Concilio Vaticano II para ver reaparecer en la historia cristiana, la fuerza del v\u00ednculo entre la Iglesia y los pobres. Juan XXIII, en su Radiomensaje del 11 de septiembre de 1962, a un mes de la apertura del Concilio, pronuncia esta espl\u00e9ndida frase: \u00abAnte los pa\u00edses subdesarrollados, la Iglesia se presenta como es y como quiere ser, como la Iglesia de todos y especialmente la Iglesia de los pobres\u00bb. Los pobres volvieron al coraz\u00f3n de la Iglesia, esto ha sido una verdadera y propia revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>En realidad, incluso ya en la <em>Mater et Magistra <\/em>(15 de mayo, 1961) Juan XXIII hab\u00eda lanzado un fuerte llamamiento a una justicia de dimensiones mundiales. Los pa\u00edses ricos del Norte no pod\u00edan desinteresarse \u200b\u200bde los pa\u00edses del Sur del mundo, oprimidos por el hambre y la miseria; era su obligaci\u00f3n poner a disposici\u00f3n y beneficio de todos, sus posesiones. En el discurso de apertura del Concilio, el Papa Juan XXIII retoma el tema, haciendo hincapi\u00e9 en el misterio de la pobreza de la Iglesia: \u00abA la humanidad oprimida por tantas dificultades, como Pedro al pobre que le ped\u00eda limosna, le dice: no tengo ni oro ni plata, pero te doy todo lo que tengo: en el nombre de Jesucristo el Nazareno, lev\u00e1ntate y camina\u00bb. Una Iglesia pobre es aquella que debe caminar entre los hombres, pobre de todo y fuerte \u00fanicamente en nombre del Resucitado.<\/p>\n<p>En los documentos preparatorios del Concilio, el tema estuvo casi del todo ausente, excepto por una d\u00e9bil atenci\u00f3n a los problemas de la evangelizaci\u00f3n de los pobres y del desequilibrio en la distribuci\u00f3n de las riquezas, as\u00ed como la explotaci\u00f3n de los trabajadores y de los pobres del Tercer Mundo. Ren\u00e9 Voillaume sinti\u00f3 la fuerza prof\u00e9tica en las palabras del Papa: \u00abEsta pobreza debe ser la expectativa de algo m\u00e1s; esa no solo es interna, sino que tambi\u00e9n debe mostrarse fuera y traducirse en un lenguaje que los hombres de nuestro tiempo puedan comprender\u00bb (JP Dubois-Dum\u00e9e, <em>Un consejo para nuestro tiempo<\/em>, Brescia 1962, pp.23-45). Una notable serie de trabajos en aquellos a\u00f1os ofrecia a esta creencia una estructura teol\u00f3gica, mientras que el desarrollo de algunas experiencias pastorales, que comenzaron despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial, pon\u00edan en primer plano preguntas y reflexiones que, inevitablemente, se presentaban a v\u00edsperas del concilio como bancos de prueba de la capacidad de la Iglesia de repensar su relaci\u00f3n con el mundo, pero tambi\u00e9n como abreviaci\u00f3n de aquella &#8220;distancia de seguridad&#8221; considerada apropiada por aquellos que, especialmente en la curia romana, esperaban que el Vaticano II, ofreciera respuestas dogm\u00e1ticas y de condena a los errores arraigados en la sociedad.<\/p>\n<p>La iniciativa de llamar la atenci\u00f3n de los padres del Concilio al drama de la separaci\u00f3n entre la Iglesia y los pobres naci\u00f3 de un grupo de obispos, a sugerencia de Paul Gauthier y del obispo de Galilea, George Hakim ( M. Mennini , <em>Paul Gauthier y la pobreza de la iglesia durante el Vaticano II. La ardua b\u00fasqueda de un consenso,<\/em> en &#8220;Cristianismo en la historia&#8221;, 34 (2013), pp. 391-422). Un texto distribuido entre los obispos, en el que se solicitaba que el Concilio pueda asumir el problema de las masas pobres y de las masas trabajadoras recogi\u00f3 un n\u00famero considerable de adhesiones. El tema, sin embargo, no tuvo el alcance esperado dentro de los trabajos del Concilio, mientras que la prensa brind\u00f3 una atenci\u00f3n particular al tema de la Iglesia y los pobres. El cardenal Lercaro, en el aula del Concilio, el 6 de diciembre de 1962, lo coloc\u00f3 como tema central del Concilio: \u00abEl misterio de Cristo en la Iglesia siempre ha sido y es, pero hoy lo es particularmente, el misterio de Cristo en los pobres\u2026 No se trata de cualquier tema, pero en cierto sentido es el \u00fanico tema de todo el Vaticano II\u00bb. Y agregaba: \u00abEsta es la hora de los pobres, de los millones de pobres que est\u00e1n en toda la tierra, esta es la hora del misterio de la Iglesia madre de los pobres, esta es la hora del misterio de Cristo, especialmente en el pobre\u00bb. De esta afirmaci\u00f3n nac\u00eda una nueva concepci\u00f3n de la Iglesia que el cardenal Lercaro expuso despu\u00e9s con un documento presentado a la Secretar\u00eda de Estado. El texto, en la primera parte, resaltaba los desequilibrios que nac\u00edan de una sociedad opulenta: esta no favorec\u00eda la promoci\u00f3n de la humanidad y apagaba el sentido religioso de la persona llev\u00e1ndola a adorar los bienes materiales. La Iglesia encuentra su verdad en esa sociedad coloc\u00e1ndose como Cristo pobre (C. Lorefice , <em>Dossetti y Lercaro . La Iglesia pobre y de los pobres en la perspectiva del Concilio Vaticano II <\/em>, Mil\u00e1n, 2011).<\/p>\n<p>Pablo VI, en la apertura de la segunda sesi\u00f3n de la Concilio, retom\u00f3 el tema e hizo hincapi\u00e9 en la estrecha relaci\u00f3n de la Iglesia con los pobres: \u00abLa Iglesia mira a los pobres, a los necesitados, a los afligidos, a los hambrientos, a los encarcelados; es decir, mira a toda la humanidad que sufre y llora: esa le pertenece por ley evang\u00e9lica\u00bb. Estas palabras encontraron un signo ejemplar el 14 de noviembre de 1964: durante una misa concelebrada en la bas\u00edlica de San Pedro, el Papa Pablo VI se quitaba la tiara y la colocaba sobre el altar, ofrecida a los pobres. No era s\u00f3lo un gesto de caridad, sino que tambi\u00e9n era el s\u00edmbolo de una Iglesia que se despojaba del poder humano para conservar \u00fanicamente el de \u00abCristo pobre\u00bb.<\/p>\n<p>Entre la Iglesia y la pobreza, entre los cristianos y los pobres, se establec\u00eda una nueva relaci\u00f3n enraizada en el Evangelio y signo de la verdad misma de la misi\u00f3n de la Iglesia. La expresi\u00f3n \u00abconvertirse a los pobres\u00bb, utilizada a menudo en aquellos a\u00f1os, significaba hacer la propia experiencia religiosa m\u00e1s cercana al Evangelio y m\u00e1s abierta a los hombres. Pablo VI en la homil\u00eda de la celebraci\u00f3n al finalizar el Concilio dec\u00eda: \u00abLa antigua historia del buen samaritano ha sido el paradigma de la espiritualidad del Concilio. Una inmensa simpat\u00eda lo ha invadido. El descubrimiento de las necesidades humanas (y cuanto mayores son, m\u00e1s grande se hace el hijo de la tierra) absorbi\u00f3 la atenci\u00f3n de nuestro S\u00ednodo. Al menos denle m\u00e9rito en esto, ustedes humanistas modernos, que han renunciado a la trascendencia de las cosas supremas y reconocen nuestro nuevo humanismo: nosotros tambi\u00e9n, sobre todo, somos los amantes del hombre\u00bb.<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><em>&#8220;La opci\u00f3n preferencial por los pobres&#8221;<\/em><\/p>\n<p>En los a\u00f1os posteriores al Concilio, la iniciativa de poner la atenci\u00f3n sobre la nueva relaci\u00f3n entre la Iglesia y los pobres se debe al episcopado latinoamericano. La raz\u00f3n estaba. En casi todos los pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina, se viv\u00eda profundamente la identificaci\u00f3n de la Iglesia con los pobres y la participaci\u00f3n en su rescate. En Am\u00e9rica del Sur los pobres se hab\u00edan convertido en millones y millones, y todos obligados a vivir en condiciones miserables: desempleo, subempleo, salarios de hambre, expulsiones. El martirio de Monse\u00f1or Romero, arzobispo de San Salvador, fue un ejemplo y un est\u00edmulo para una Iglesia que sent\u00eda el drama de la gran mayor\u00eda de sus fieles y que hac\u00eda de su defensa el coraz\u00f3n de su elecci\u00f3n pastoral. Alberto Methol Ferr\u00e9, un fil\u00f3sofo cristiano uruguayo, durante veinte a\u00f1os consultor del CELAM, sostiene que con la Conferencia de Medell\u00edn, el episcopado sudamericano comienza a recibir el Vaticano II: \u00abLas Iglesias de Am\u00e9rica Latina recrean el Concilio despu\u00e9s de su conclusi\u00f3n\u00bb ( A. Methol Ferr\u00e9 &#8211; A.Metalli , <em>El Papa y el fil\u00f3sofo <\/em>, Siena 2014, p. 93).<\/p>\n<p>En el discurso inaugural del encuentro de obispos latinoamericanos en Medell\u00edn (Colombia) Pablo VI confirm\u00f3 el \u00abesfuerzo honesto para promover la renovaci\u00f3n y la promoci\u00f3n de los pobres y de los que viven en condiciones de inferioridad humana y social\u00bb. Por supuesto, advirti\u00f3 de no caer en la tentaci\u00f3n de la violencia: \u00abNi el odio ni la violencia son el esfuerzo de nuestra caridad\u00bb. Pero fue clara la decisi\u00f3n de los obispos de la \u00abelecci\u00f3n preferencial por los pobres\u00bb. El documento se abri\u00f3 con estas palabras: \u00abCristo nuestro Salvador no solo am\u00f3 a los pobres, sino que, \u00absiendo rico, se hace pobre\u00bb vivi\u00f3 en la pobreza, centr\u00f3 su misi\u00f3n en anunciar la liberaci\u00f3n y fund\u00f3 su Iglesia como se\u00f1al de esta pobreza entre los hombres\u2026 La Iglesia de Am\u00e9rica Latina, dadas las condiciones de pobreza y subdesarrollo del continente, siente la urgencia de traducir este esp\u00edritu de pobreza en gestos, actitudes y normas que lo convierten en un signo m\u00e1s brillante y aut\u00e9ntico de su Se\u00f1or. La pobreza de tantos hermanos y hermanas invoca justicia, solidaridad, testimonio, compromiso, esfuerzo y superaci\u00f3n para que la misi\u00f3n salv\u00edfica encomendada por Cristo se realice plenamente &#8230; La pobreza de la Iglesia y sus miembros en Am\u00e9rica Latina debe ser una se\u00f1al y un compromiso. Signo del valor inestimable del pobre a los ojos de Dios; compromiso de solidaridad con aquellos que sufren\u00bb.<\/p>\n<p>Luego vino la conferencia de Puebla. Los obispos, al descubrir que la miseria en Am\u00e9rica Latina hab\u00eda empeorado, confirmaron la decisi\u00f3n de Medell\u00edn de una opci\u00f3n clara y prof\u00e9tica a favor de los pobres. Tomaron las ense\u00f1anzas de Juan Pablo II y llamaron a las estructuras de injusticia \u00abpecado social\u00bb. Las reuniones del CELAM en Santo Domingo y Aparecida constituyen otros hitos importantes para el episcopado de Am\u00e9rica Latina, pero tuvieron un fuerte eco en toda la Iglesia Cat\u00f3lica. En Aparecida, que vio al cardenal Bergoglio como el protagonista, el episcopado latinoamericano reafirm\u00f3 la elecci\u00f3n preferencial de la Iglesia por los pobres, subrayando que \u00abest\u00e1 inscrita en la fe cristol\u00f3gica que llev\u00f3 a Dios a hacerse pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza\u00bb. Los obispos escriben: \u00abSi esta opci\u00f3n (preferencial por los pobres) est\u00e1 impl\u00edcita en la fe cristol\u00f3gica, todos los cristianos, como disc\u00edpulos y misioneros, estamos llamados a contemplar, en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos: &#8216;Los rostros sufrientes de los pobres&#8217; son el \u00a8rostro\u00a8 sufriente \u00a8del Se\u00f1or&#8217;. Ellos &#8211; contin\u00faa el documento &#8211; hacen preguntas que van al coraz\u00f3n de la manera de trabajar de la Iglesia, de la pastoral y de nuestras actitudes cristianas\u00bb (n. 393).<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><em>Una iglesia pobre para los pobres. <\/em><\/p>\n<p>En la ma\u00f1ana del 16 de marzo del 2013, frente a unos 6000 periodistas, el Papa Francisco explic\u00f3 los motivos que lo empujaron a llamarse Francisco. Ning\u00fan Papa hab\u00eda elegido el nombre del santo de As\u00eds antes: \u00abEn las elecciones tuve a mi lado al arzobispo em\u00e9rito de San Paolo y tambi\u00e9n prefecto em\u00e9rito de la Congregaci\u00f3n para el Clero, el cardenal Claudio Hummes: un gran amigo, \u00a1un gran amigo! Cuando la cosa estaba un poco peligrosa, \u00e9l me consolaba y cuando los votos subieron a dos tercios, lleg\u00f3 el aplauso habitual, porque el Papa fue elegido. \u00c9l me abraz\u00f3, me bes\u00f3 y me dijo: &#8216;No te olvides de los pobres!&#8217; Y esa palabra entr\u00f3 aqu\u00ed: los pobres, los pobres. Entonces, inmediatamente en relaci\u00f3n a los pobres, pens\u00e9 en Francisco de As\u00eds. Despu\u00e9s, pens\u00e9 en las guerras, a medida que avanzaba la votaci\u00f3n, hasta todos los votos. Y Francisco es el hombre de paz. Y as\u00ed sali\u00f3 el nombre, en mi coraz\u00f3n: Francisco de As\u00eds. Para m\u00ed es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y protege la creaci\u00f3n &#8230; es el hombre que nos da este esp\u00edritu de paz, el hombre pobre &#8230; Ah, \u00a1c\u00f3mo quisiera una Iglesia pobre, para los pobres!\u00bb.<\/p>\n<p>Para el Papa Francisco es evidente que una Iglesia pobre, una Iglesia que conf\u00eda \u00fanicamente en la fuerza del Evangelio, es necesariamente tambi\u00e9n Iglesia \u00abde los\u00bb pobres. Estos \u00faltimos, en la Iglesia, no son \u00abusuarios\u00bb o extra\u00f1os en los que centrar la atenci\u00f3n o su solidaridad. No son un problema al que prestar atenci\u00f3n y soluci\u00f3n. Ellos son ante todo miembros a t\u00edtulo pleno de la Iglesia. Por esta raz\u00f3n, no puede ser, como repite a menudo el Papa Francisco, \u00abuna penosa ONG\u00bb. La Iglesia siente a los pobres como parte de s\u00ed misma, o m\u00e1s bien, como la parte para amar y priorizar. Y su nombre es fraternidad, familiaridad, amistad: \u00abNuestro compromiso, agrega el Papa Francisco, no consiste exclusivamente en acciones o en programas de promoci\u00f3n y asistencia; aquello que el Esp\u00edritu pone en movimiento no es un exceso de activismo, sino ante todo una atenci\u00f3n al otro consider\u00e1ndolo como uno consigo mismo &#8230; El pobre, cuando es amado, es considerado de gran valor, y esto diferencia la aut\u00e9ntica opci\u00f3n para los pobres de cualquier ideolog\u00eda\u00bb (EG 199).<\/p>\n<p>Y la raz\u00f3n de este privilegio lo explic\u00f3 con acentos extraordinarios en la Vigilia de Pentecost\u00e9s de 2013, a los movimientos. \u00abLos pobres &#8211; dijo el Papa Francisco &#8211; para los cristianos no son una categor\u00eda sociol\u00f3gica\u00bb, sino la \u00abcarne de Cristo\u00bb. Se coloc\u00f3 firmemente en la profunda tradici\u00f3n de la Iglesia, inscrita en el misterio de la encarnaci\u00f3n de Cristo. Ya no es suficiente decir que Dios se hace carne para comprender completamente el misterio. Debe quedar claro que se hace carne hambrienta, sedienta, enferma, encarcelada &#8230; De hecho, no faltan carnes \u00abperfumadas\u00bb a su alrededor, de hecho, el d\u00eda en que la carne de Cristo fue perfumada, comenzaron de inmediato las preguntas sobre el dinero y fue Judas quien las formul\u00f3. Dios se hizo carne desechada. Este es el \u00absacramento\u00bb de Cristo.<\/p>\n<p>Las palabras del Papa Francisco deben sentirse escandalosas. Ese d\u00eda de Pentecost\u00e9s pregunt\u00f3 a los presentes: \u00abCuando damos la limosna a un pobre, \u00bflo miramos a los ojos, le tocamos la mano o le tiramos la moneda?\u00bb Es una pregunta realmente simple, pero en su inmediatez y concreci\u00f3n desgarra la conciencia cristiana. Y no solo eso. La pobreza, continu\u00f3 el Papa Francisco, no puede ser excluida a \u00abcategor\u00eda sociol\u00f3gica, filos\u00f3fica o cultural\u00bb:\u00a0 \u00abUna Iglesia pobre para los pobres comienza con el caminar hacia la carne de Cristo. Si vamos hacia la carne de Cristo, comenzamos a entender algo, a comprender qu\u00e9 cosa sea esta pobreza del Se\u00f1or. Y esto no es f\u00e1cil\u00bb. Y explicaba que tocar significa \u00abtomar sobre nosotros este dolor por los pobres\u00bb. El llamado se hizo apremiante: \u00abY esto vale todav\u00eda m\u00e1s en este momento de crisis. Nosotros los cristianos no podemos preocuparnos solo por nosotros mismos, encerrarnos en soledad, en el des\u00e1nimo &#8230; Esto es un peligro: nos encerramos en la parroquia, con amigos, en el movimiento, con aquellos con quienes pensamos las mismas cosas &#8230; pero \u00bfsaben qu\u00e9 cosa sucede? Cuando la Iglesia se cierra, se enferma\u00bb<\/p>\n<p>La Iglesia en estas fronteras, debe medir su veracidad evang\u00e9lica. Es por eso que \u00abla Iglesia debe salir de s\u00ed misma\u00bb e ir \u00abhacia las periferias existenciales, cualesquiera que sean\u00bb. Y para los que temen los incidentes o las exageraciones, dice: \u00abYo les digo: \u00a1prefiero mil veces una iglesia accidentada, que incurre en un accidente, que una Iglesia enferma por cierre! \u00a1Salgan fuera, salgan!\u00bb. Y ataca con decisi\u00f3n lo que \u00e9l llama <em>cultura del desperdicio<\/em>: \u00abHoy, esto duele decir, hoy, encontrar un mendigo que muri\u00f3 de fr\u00edo no es una novedad. Hoy es noticia, quiz\u00e1s, un esc\u00e1ndalo. Un esc\u00e1ndalo: \u00a1ah, eso es noticia! Hoy, pensar que tantos ni\u00f1os no tienen comida no es una noticia. \u00a1Esto es grave, esto es grave! \u00a1No podemos quedarnos tranquilos!\u00bb. Y trajo de vuelta ese <em>midrash <\/em>de la tradici\u00f3n rab\u00ednica en la construcci\u00f3n de la Torre de Babel para denunciar c\u00f3mo a\u00fan hoy, como hace miles de a\u00f1os, la dignidad de un trabajador cuenta menos que el dinero: \u00abEsto sucede hoy: si las inversiones en los bancos caen un poco &#8230; tragedia &#8230; \u00bfQu\u00e9 hacemos? Pero si las personas mueren de hambre, si no tienen comida, si no tienen salud, \u00a1no importa! \u00a1Esta es nuestra crisis hoy! Y el testimonio de una Iglesia pobre y para los pobres va en contra de esta mentalidad\u00bb.<\/p>\n<p>La Iglesia solo puede estar del lado de los pobres, de los excluidos, de los marginados de la sociedad, de la vida. El episcopado latinoamericano resumi\u00f3 en esta l\u00ednea toda la ense\u00f1anza del Vaticano II y lo convirti\u00f3, como hemos visto, en el paradigma de su acci\u00f3n en el continente. Por esta raz\u00f3n, el Papa Francisco no siente mucho acerca de los temas relacionados con la hermen\u00e9utica conciliar, que han encendido el debate hace alg\u00fan tiempo, y ni siquiera la discusi\u00f3n entre progresistas y conservadores (un contraste que, aunque inadecuado, ha tenido una amplia circulaci\u00f3n). Lo que preocupa, en cambio, es el problema de los pobres y su liberaci\u00f3n, especialmente los pobres en las grandes periferias urbanas. Conocemos la historia de los comisarios de las <em>villas miserias <\/em>en Buenos Aires que, a partir de un enfoque marcadamente sociopol\u00edtico, han cambiado su actitud hacia la realidad de una religiosidad popular que les ped\u00eda administrar los sacramentos, celebrar la liturgia, la cercan\u00eda sacerdotal y etc. El entonces cardenal Bergoglio sigui\u00f3 con gran atenci\u00f3n esa realidad y continu\u00f3 creyendo que, a pesar de los errores y las desviaciones, \u00abla atenci\u00f3n particular a los pobres es un mensaje muy fuerte del postconcilio\u00bb (Riccardi, La sorpresa, p. 90).<\/p>\n<p>Convertido ya en Papa, recuerda a todos que los pobres est\u00e1n en el coraz\u00f3n mismo de la Iglesia, en su centro. En <em>Evangelii Gaudium <\/em>escribe: \u00abEs de la fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, que se deriva la preocupaci\u00f3n por el desarrollo integral de los m\u00e1s abandonados de la sociedad\u00bb (n. 186). La cuarta parte de la enc\u00edclica est\u00e1 dedicada a la \u00abdimensi\u00f3n social de la evangelizaci\u00f3n\u00bb. Y me viene a la mente la tesis del gran te\u00f3logo del siglo pasado, H. De Lubac, sobre los \u00abaspectos sociales del dogma cristiano\u00bb: \u00abLa fe &#8211; escrib\u00eda el te\u00f3logo jesuita &#8211; no es un dep\u00f3sito de verdades muertas, que respetuosamente se colocan &#8220;aparte\u201d, para organizar sin ellos toda la vida &#8230; Para mantener lo sobrenatural, la caridad no est\u00e1 obligada a volverse inhumana: como lo sobrenatural no se concibe si no se encarna. Quien se somete a su ley, lejos de liberarse con ello de sus lazos naturales, pone al servicio de la sociedad de la cual la naturaleza lo ha hecho miembro, una actividad tanto m\u00e1s efectiva, cuanto m\u00e1s libre es el principio\u00bb (<em>Catolicismo,<\/em> p.278).<\/p>\n<p>Para el Papa Francisco, se debe promover \u00abuna teolog\u00eda y una espiritualidad de la opci\u00f3n por los pobres\u00bb. No es una simple opci\u00f3n social o pol\u00edtica y ni siquiera asistencial. Los pobres deben ser elegidos por su valor sacramental, es decir, porque en ellos es Cristo mismo quien se hace presente. Desde esta perspectiva, se hace clara la necesidad de que \u00abtodos nos dejamos evangelizar por ellos\u00bb, que reconocemos \u00abla misteriosa sabidur\u00eda que Dios quiere comunicarnos a trav\u00e9s de ellos\u00bb (EG 198). Escuchar a los pobres es, por lo tanto, una escucha religiosa. Pero no abstracto y vac\u00edo. La escucha comienza de ver su carne, de o\u00edr su grito de dolor. Mantenerse alejado del grito de los pobres significa liberarse de Dios mismo: \u00abMantenerse alejado de ese clamor, cuando somos los instrumentos de Dios para escuchar a los pobres, nos coloca fuera de la voluntad del Padre y de su proyecto\u00bb. \u00abLa Iglesia, ha reconocido que la exigencia de escuchar ese grito deriva de la misma obra liberadora de la gracia en cada uno de nosotros, por lo que no se trata de una misi\u00f3n reservada solo para algunos\u00bb (188). Los pobres son parte de la familia universal de la Iglesia. Y es con esta convicci\u00f3n que interviene denunciando, recordando y, sobre todo, d\u00e1ndole primero el ejemplo.<\/p>\n<p>El Papa Francisco insiste en la caridad como una fuerza cambiante. Una fuerza hist\u00f3rica, por lo tanto. De ah\u00ed el compromiso de \u00abresolver las causas estructurales de la pobreza\u00bb y tomarla con urgencia (EG 202). Y espera que \u00abcrezca el n\u00famero de pol\u00edticos capaces de entrar en un di\u00e1logo aut\u00e9ntico que est\u00e9 orientado eficazmente a sanar las ra\u00edces profundas y no la apariencia de los males del mundo\u00bb (EG 205). Papa Francisco no tiene miedo a denunciar la &#8220;dictadura econ\u00f3mica&#8221; que esclaviza y golpea sobre todo a los pobres: \u00ab&#8230; la mayor\u00eda de los hombres y mujeres de nuestro tiempo siguen viviendo en una precariedad cotidiana con consecuencias letales. Algunas patolog\u00edas aumentan, con sus consecuencias psicol\u00f3gicas; el miedo y la desesperaci\u00f3n toman el coraz\u00f3n de muchas personas, incluso en los llamados Pa\u00edses ricos; la alegr\u00eda de vivir est\u00e1 disminuyendo; la indecencia y la violencia est\u00e1n en aumento; la pobreza se hace m\u00e1s evidente. Hay que luchar para vivir y, a menudo, para vivir de manera no digna. Una de las causas de esta situaci\u00f3n, en mi opini\u00f3n, radica en la relaci\u00f3n que tenemos con el dinero, aceptando su dominio sobre nosotros y sobre nuestras sociedades. Entonces, la crisis financiera por la que estamos pasando nos hace olvidar su primer origen, ubicada en una profunda crisis antropol\u00f3gica. En la negaci\u00f3n del primado del hombre! Hemos creado nuevos \u00eddolos. El culto del antiguo becerro de oro (cf. <em>Ex <\/em>32, 15-34) ha encontrado una nueva y despiadada imagen en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la econom\u00eda sin rostro ni objetivo verdaderamente humano\u00bb (Discurso a algunos de los nuevos embajadores a la Santa Sede, 16 de mayo de 2013).<\/p>\n<p>El Papa Francisco es muy consciente que la crisis de la solidaridad est\u00e1 golpeando particularmente con fuerza los hombros ya d\u00e9biles de los pobres: \u00ab&#8230; hoy el ser humano es considerado a s\u00ed mismo como un bien de consumo que puede ser utilizado y luego desechado. Hemos comenzamos esta cultura del desecho &#8230; En tal contexto, la solidaridad, que es el tesoro de los pobres, a menudo es considerada contraproducente, en contra de la racionalidad financiera y econ\u00f3mica. Mientras que el ingreso de una minor\u00eda crece exponencialmente, el de la mayor\u00eda se debilita. Este desequilibrio deriva de ideolog\u00edas que promueven la autonom\u00eda absoluta de los mercados y las especulaciones financieras, negando as\u00ed el derecho de control a los Estados encargados de proveer al bien com\u00fan. Se establece una nueva tiran\u00eda invisible, a veces virtual, que unilateralmente y sin remedio posible impone sus leyes y reglas. Adem\u00e1s, la deuda y el cr\u00e9dito distancian los pa\u00edses de su econom\u00eda real y los ciudadanos del poder de adquisici\u00f3n real. A esto se suman, por encima de todo, una corrupci\u00f3n en expansi\u00f3n y una evasi\u00f3n ego\u00edsta de impuestos que han tomado dimensiones mundiales. La voluntad de poder y de posesi\u00f3n se ha vuelto ilimitada\u00bb (citado en Riccardi, <em>sorpresa del Papa Francisco<\/em>, p\u00e1g. 93).<\/p>\n<p>Seg\u00fan el Papa, la dictadura de la econom\u00eda debe ser interrumpida, porque \u00abreduce al hombre a una de sus necesidades: el consumo\u00bb. Hay que decir, de hecho, que, en las \u00faltimas tres d\u00e9cadas, los mercados, y los valores de mercados, han guiado la vida de los hombres con un poder tan alto que nunca hab\u00eda sucedido. Con una serie de decisiones cuyas consecuencias dram\u00e1ticas no siempre se han entendido, los valores del mercado se han convertido en los verdaderos maestros de la vida (Michael J. Sandel , <em>What money not buy. The moral limits of the market <\/em>, Mil\u00e1n 2013 ). Sandel, profesor de filosof\u00eda pol\u00edtica de Harvard, sostiene al respecto que los valores de mercado han socavado las l\u00f3gicas de la existencia humana en todas sus esferas, desde la medicina hasta la educaci\u00f3n, desde el gobierno hasta la vida de las familias. El mercado se ha convertido en una verdadera y propia dictadura. El Papa Francisco nos insta a liberarnos de esta dictadura sutil pero venenosa.<\/p>\n<p><em>Solidaridad, una fuerza cambiante <\/em><\/p>\n<p>La acci\u00f3n del Papa Francisco, junto a sus ense\u00f1anzas, sobre la elecci\u00f3n prioritaria por los pobres no puede relegarse a simples exhortaciones morales. En sus gestos y palabras hay una fuerza pol\u00edtica de cambio. Se lamenta de que hoy se manifieste incomodidad cuando se habla de \u00e9tica, de solidaridad mundial, distribuci\u00f3n de bienes, defensa de los puestos de trabajo, dignidad de los d\u00e9biles, de un Dios que \u00abexige un compromiso por la justicia\u00bb (204).\u00a0 Pero, agrega, esta es la misi\u00f3n de la Iglesia, que se preocupa por el mundo y escucha el clamor de los pobres. Una Iglesia que no se interesa por los pobres \u00abcorre el riesgo de disoluci\u00f3n\u00bb (208). Por ello espera que surja una nueva conciencia social dividida &#8211; fresco y vital, no doctrinario &#8211; tanto de la justicia como de la solidaridad: \u00ab&#8230; el hombre religioso integro es llamado hombre justo, porque lleva la justicia a los dem\u00e1s. En este sentido, la justicia del religioso o de la religiosa crean cultura. No es lo mismo la cultura de la idolatr\u00eda que la cultura creada por una mujer o un hombre que adoran al Dios viviente. Juan Pablo II dec\u00eda una cosa muy valiente: una fe que no se hace cultura no es una fe verdadera. Destacaba el crear cultura\u00bb.<\/p>\n<p>La fe vivida genera una cultura que, incluso con sus l\u00edmites hist\u00f3ricos, es el creador de un sentido compartido de justicia. Esta es la gran diferencia con respecto a las \u00abculturas id\u00f3latras\u00bb, centradas en el culto a s\u00ed mismos y de sus intereses, a trav\u00e9s del liberalismo desenfrenado, el consumismo, el hedonismo y varios tipos de relativismo. La cultura de la justicia que encuentra una relaci\u00f3n privilegiada con los pobres, coloca al hombre, la persona humana y su dignidad al centro de su atenci\u00f3n. Si nos pregunt\u00e1ramos por el momento de inicio de la justicia, podr\u00edamos responder que el punto de partida radica en la pregunta de Dios a Ca\u00edn: &#8220;\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 tu hermano?&#8221;. Desde la atenci\u00f3n al d\u00e9bil, a Abel (que significa <em>aliento,<\/em> <em>debilidad)<\/em>, comienza la pregunta sobre el hombre. El sentido de justicia, y es la descripci\u00f3n de la acci\u00f3n misma de Dios en todo el texto b\u00edblico, empuja a liberar a los pobres de su condici\u00f3n de excluidos y perif\u00e9ricos. La fe cristiana lleva al creyente a salir de s\u00ed mismo y transformar la historia: \u00abUna fe aut\u00e9ntica, que nunca es c\u00f3moda e individualista, siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor despu\u00e9s de nuestro por la tierra. Amamos este magn\u00edfico planeta donde Dios nos ha colocado, y amamos a la humanidad que lo habita, con todas sus tragedias y cansancios, con sus anhelos y sus esperanzas, con sus valores y sus debilidades &#8230; todos los cristianos incluso los pastores est\u00e1n llamados a preocuparse por construir un mundo mejor\u00bb (183). Se necesita que surja una nueva cultura de solidaridad: \u00abNo es suficiente ser buenos y generosos: hay que ser inteligentes, capaces, eficaces\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo tanto, la decisi\u00f3n de estar con los pobres es una efectiva respuesta a una sociedad impregnada de marketing, donde todo se vende y todo se compra y, como resultado, acoge tiene valor lo que tiene un precio. Cuando la vida cristiana se desarrolla cerca a los pobres, esa acoge lo que vale realmente y descubre la fuerza de la revoluci\u00f3n de la gratuidad que por s\u00ed sola puede combatir y derrotar la hegemon\u00eda econ\u00f3mica, social y cultural, del mercado. Incluso lo que parece establecido e indiscutible puede ser cambiado por la fuerza de la gratuidad del amor. Y se puede pensar una forma diferente de organizar la vida y la sociedad. Adem\u00e1s, quien se encarga de los pobres y los tiene en su coraz\u00f3n, no acepta un mundo donde contin\u00faan a crecer en n\u00famero y sufrimiento. El desd\u00e9n por esto es una fuente de nueva creatividad.<\/p>\n<p>Es cierto que el Papa Francisco no tiene una visi\u00f3n &#8220;pol\u00edtica&#8221; para proponer, ni quiere tener una para ofrecer, pero est\u00e1 convencido de que este mundo tal como es hoy, al comienzo de este milenio, tiene que cambiar. Y tambi\u00e9n sabe muy bien que las verdaderas revoluciones y los profundos cambios tienen lugar a trav\u00e9s del trabajo de hombres espirituales, que saben c\u00f3mo descender a las profundidades de la historia, que saben c\u00f3mo vincular el Evangelio con los &#8220;signos de los tiempos&#8221; para iniciar un movimiento de cambio. La decisi\u00f3n de Papa Francisco de unirse a Francisco de As\u00eds ilumina sus gestos y su estilo: unir el Evangelio y los pobres, la caridad y la pobreza, es el camino de este pontificado. As\u00eds no cambi\u00f3 la historia de su tiempo con la pol\u00edtica o las armas, sino precisamente con la elecci\u00f3n de predicar el Evangelio a los &#8221; menores&#8221; (entonces excluidos). Y, en una \u00e9poca de monasterios y grandes catedrales, aquel movimiento de hombres y mujeres espirituales, llev\u00f3 el Evangelio por la calle, de hecho, en las periferias, Iglesia y sociedad han cambiado. No es casualidad que el Papa Francisco eligiera predicar el Evangelio diariamente desde la peque\u00f1a capilla de Santa Marta y unirse directamente, de inmediato, a ese &#8220;pueblo de Dios&#8221; que le corresponde con afecto y con gran atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al despedirme del lector de estas p\u00e1ginas, conf\u00edo que haya podido advertir aquel hilo rojo que ha atravesado veinte siglos de historia cristiana uniendo innumerables testimonios que han reformado la Iglesia vinculando el amor por el Evangelio con el de los m\u00e1s pobres. Papa Francisco recoge este largo hilo rojo y hace resplandecer todav\u00eda aquel amor gratuito que empuja a los creyentes a encontrar &#8220;la alegr\u00eda en dar m\u00e1s que en recibir&#8221;, como escribe el Ap\u00f3stol citando una frase de Jes\u00fas, antes s\u00f3lo dar sin pedir nada para s\u00ed. As\u00ed lo hizo primero Jes\u00fas.<\/p>\n<p><strong>Lima, Per\u00f9, 14 febbraio 2020<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan XXIII: &#8220;La Iglesia de todos, pero especialmente la Iglesia de los pobres&#8221; Los dos mil a\u00f1os de historia cristiana muestran, que cada vez que los cristianos han debilitado su v\u00ednculo con el Evangelio, su relaci\u00f3n con los pobres se ha dilatado. 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